Nos acercamos un domingo por la Gran Muralla para admirar una construcción milenaria, sus alrededores y hacer tracking durante cuatro horas, y os puedo asegurar que se suda la camiseta, subiendo y bajando escaleras, muchas de ellas ya desaparecidas por el paso inexorable del tiempo. A la aventura me acompañaron mi colega de trabajo, Alma, y de apartamento, Thaís. Allí, conocimimos a un grupo de estudiantes de Estados Unidos que están realizando prácticas de periodismo para ofrecer una mayor cobertura de los Juegos Olímpicos. Una de ellas, que hablaba español bastante bien, me sacó envidia al decirme que se encargaba del equipo de baloncesto estadounidense con mi amigo Kobye, ya le dije que terminaríamos siendo buenos amigos... al final no ha sido así, no tengo tanta cara para pedirle que me presente a la estrella de Los Angeles Lakers.
Elegimos el punto de Simatai para recorrer treinta torres de la Gran Muralla, un lugar poco frecuentado por los turistas ya que se encuentra a unas tres horas y media de la capital. En realidad hay cuatro lugares turísticos para pasar incluso la noche al pie de la montaña. Además, nos tiramos por una tirolina que, desgraciadamente, iba un poco despacio.